15.3.11

Del tsunami y el derecho a estar vivos

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Pasado ya un tiempo de la tragedia de Chile, Haití, Tailandia y ahora Japón; muchos y muchas llegan a la conjetura del fin del mundo y el acabóse mundial. Si a ésto se le agrega la tradición maya que reza ser que en el 2012 el mundo sufrirá una gran transformación; las condiciones están dadas para que en realidad ocurra lo esperado: el final.

Sin embargo, todas estas cuestiones a veces tan alarmistas y tan llenas de fantasía y sensacionalismo - bien aprovechado por los mass media -, resultan a lo largo del tiempo conviritiéndose en el pan de cada día mientras dura y perdura la tragedia en el inconsciente o sí se quiere llamar, subconsciente colectivo.

No en vano debe reconocerse que realmente todas estas tragedias han producido la pèrdida de vidas humanas, lamentable hecho que enlutece a naciones y sociedades enteras del globo. Pero la cuestión acerca de la creación de sensacionalismos, fanatismos, explicaciones y predicciones que nos acerquen cada vez más a decir que estamos predestinados al fracaso es ciertamente, lástimero; por decir lo menos.

La reflexión a la que estamos llamados con cada uno de estos hechos que nos llenan de luto y de dolor, además de muchos otros que ocurren pero que no tienen - al parecer - dicha connotación para aparecer diariamente en los diarios, en las redes, en las noticias, en boca de todos; es una reflexión que debe plantearnos el reto a la vida: a lo que significa estar vivos, con todas sus implicaciones, causas y consecuencias.

La alegoría a la muerte, a creer que todo está perdido y que de hecho; todo es resultado - una forma de venganza - a nuestro proceder por este mundo es equívoco y hasta algo facilista; para aquellos quienes están acostumbrados a hacer y deshacer con tan suma facilidad que finalmente, asumen las consecuencias de sus actos a pesar de saber el daño moral, ético, físico, fisiológico, emocional y demás; que puedan causar.

Creo que todos estos hechos nos señalan posiblemente dos formas de ver y entender el mundo o la realidad, que sí que nos está haciendo un llamado frente a que es hora de actuar y demostrar con hechos - más que con palabras -, que estamos decididos al cambio de mentalidades y exageraciones.
La primera de ellas tendría que ver con la reafirmación de la vida. Creo que lo que todas estas situaciones nos muestran es la necesidad de aferrarnos a la vida bajo cualquier circunstancia o situación. No es cuestión de estar preparados ante un temblor, un terremoto o un tsunami; creo que hay que estar preparados para emprender una batalla por la vida que implica que mientras estemos vivos luchemos por realmente un derecho a la vida cada vez más equitatito e incluyente. Diariamente nos enfrentamos a verdaderos maremotos y catastrofes de índole económico y social, que han desbastado vidas, familias, ciudades y pueblos enteros. No quiero quitarle el peso al orden natural, pero creo que sí bien nuestras catastrofes sociales y económicas no se ven igual como las imágenes de japón, haití o Chile; sí creo que tienen igual importancia y vienen siendo casi que del mismo orden frente a los resultados que se producen: desesperanza.

La segunda consideración tiene que ver con el fatalismo, que a manera de terrorismo dirigido se nos impone tras las tristes asonadas y fracasos de nuestra lamentable existencia. La manipulación mediática dramáticamente sí que sabe explotar eso del amarillismo y la generación de pánico y caos mundial. La verdadera afrenta que se nos propone - creo -, es la afrenta a aquellos que con su discurso intentan desestabilizar de manera soportada - en imágenes, videos, medios - lo que nos queda, en nuestra supuesta 'estabilidad' mundial. Sabemos y conocemos que en nuestras realidades locales, regionales, nacionales; los hechos que atentan contra la vida y la dignidad de las personas y los seres humanos son pan de cada día. Sin embargo, una especie de amnesia 'controlada' parece ser la causante de nuestra falta de dolo y conmiseración ante ello. Recordemos por ejemplo que hace próximo a cumplirse un mes, una compañera ambientalista de nuestra ciudad desapareció inusitadamente sin dejar rastro alguno y que, al respecto las autoridades no tienen claridades ni las dan. No sé si entonces necesitamos de imágenes, videos, filmaciones o fotografías sobre el dolor que se experimenta al ser desaparecido, muerto o secuestrado; y asì entonces nos organicemos y hagamos multitudinarias manifestaciones y acciones para apoyar a las familias y víctimas de estas tragedias. Recordemos que el conflicto en Libia paso a ser plato de sobremesa y que se ha terriblemente invisibilizado lo que está pasado al interior de ésta nación, en donde muchos civiles mueren diariamente bajo el paradigma aún absurdo del poder en manos de unos pocos.

Como dije al principio de este blog creo que el llamado de los hechos y los últimos acontecimientos que se han presentado, tienen que llevarnos a hacernos reflexiones más profundas sobre la manera como vivimos y la concepción de la vida que tenemos. Si nos quedamos en el lugar o escenario alarmista y entonces esperamos a que el 2012 - cúmplase o no - llegue y nos coja con los pantalones abajo a todos, qué infructuoso entonces ha sido nuestro paso por este planeta.

A las víctimas y familiares del tsunami en Japón, miles de centésimas de segundos y minutos por una vida más responsable y una existencia más súblime.

1 comentario:

Ashley Smith dijo...

Aunque no pensé que sería aceptado en USA, el tiempo les dio la razon a ustedes, muy recomendado hoy en día.

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